jueves, 28 de mayo de 2009

Traigo la palabra de diosito querido

Nadando en un mar de inmundicia se me ocurrió que debía llevar la palabra de diosito querido. Arribé a la orilla y sesenta y tres cuatreros chinos vestidos de tiroleses se ofrecieron, amables, a limpiarme la mierda que empapaba my body. Llevo la palabra de diosito querido, les dije, y lógicamente todos se postraron a mis pies y comenzaron a embadurnarse con la hez que me quitaban. Esto marcha, me dije.
Tomé prestada la bicicleta California XL4 de uno de los cuatreros y me dirigí a la ciudad. Observé entonces que la carretera estaba siendo destrozada por un calamar gigante de trescientos ventiocho pies de altura. Traigo la palabra de diosito querido, le dije, y el calamar se postró también y agarró un cuchillo de cocina y se hizo rodajas para luego empanarse a si mismo. Se me ofreció diciendo: "Cómeme para que no desfallezcas en el camino". Y le comí.
A pesar de la accidentada carretera llegué a la ciudad sin más incovenientes. Vi que estaba muy muy cambiada desde la última vez. Los rascacielos estaban ahora forrados de piel de pobres y las calles asfaltadas con uñas de pobres.
Me fui al ayuntamiento y les dije: "Traigo la palabra de diosito querido".
Me miraron los concejales extrañados mientras sus secretarias les masajeaban la cuca.
Traigo la palabra de diosito querido, repetí a voz en grito.
Pero no me hicieron caso y volví con los cuatreros chinos, que si que me lo hacían.
Fin.

6 comentarios:

El Hombre de la Pústula dijo...

¡ALABADO SEA!

Folken dijo...

Eso pasa por no tirar rayos por las manos.

Mr Blogger dijo...

me he emosiona leyendolo... snif... tanto sentimiento junto, tanto...

Guybrush dijo...

Madre de diosito querido...

Joan dijo...

¡Ilumínanos con tal palabra!

Milgrom dijo...

Y diosito vio lo que había creado y creyó que era güeno.